-¿Has hecho esta foto durante la consagración?
-Sí-, respondí. Y él añadió:
-¡Es lo normal!.
– ¿Es lo “normal”?- le pregunté muy asombrado. Insistí:
– ¿Qué es?, ¿es lo que pienso que es?
Para mis adentros pensaba: “La consagración es cuando el pan y el vino se convierten en Cuerpo y Sangre por gracia del Espíritu Santo. Me atreví a preguntarle:
-¿Es el Espíritu Santo?
Sereno y contundente me dijo:
-Yo diría que sí.
Casi me da un síncope. En una de las fotos había captado una nube de luz de características inexplicables el día 10-10-10. Al mirar los datos anexados de la foto, comprobé que la había hecho a las 18:43h, intervalo de hora en el que dicen que la Virgen hizo su primera aparición hace treinta años. Era incapaz de entender lo que estaba pasando.
“Madre mía, dame la mujer de mi vida”
Esa noche subimos al Podbrdo de madrugada, a rezar el rosario. Al llegar a la Virgen Blanca, después de un rato de oración en silencio y de rodillas ante la Gospa iluminada, grité desde el alma pero en silencio: “Por favor, Madre mía, ponme delante la mujer de mi vida; no aguanto más, quiero dejar de dar tumbos; ninguna me llena”. Ya había perdido la cuenta de los rosarios que llevaba rezados.
En la mañana del 11 de octubre nos fuimos al castillo de Patrick y Nancy, donde escuchamos el testimonio de sus vidas. Me impactó la alegría de Patrick y que vivían de la Divina Providencia después de haber vivido en la abundancia y la opulencia del materialismo capitalista. Por la tarde, fuimos al salón amarillo para una Catequesis con el padre Danko. El mensaje que más me caló fue uno muy sencillo y a la vez estimulante:
– Cuando retornes a España, tienes que comportarte con tu prójimo de una forma tan ejemplar que tienes que lograr que lleguen a tener envidia de cómo eres después de haber venido a Medjugorje.
La misa internacional de esa noche transcurrió con normalidad. Al acabar, comenzó la oración de sanación. Iba hacia la escultura del Cristo resucitado de bronce cuando las palabras croatas e incomprensibles que un sacerdote anónimo recitaba con fuerte aplomo entraron en mí como un bálsamo. Noté que una herida que tenía en el interior de mi nariz, por la cual sangraba casi todas las semanas, cicatrizaba. No entendía nada, pero de mi corazón sólo brotaba gratitud. Al llegar a la estatua de bronce del Cristo, di gracias. Estaba desbordado de un amor desconocido, algo difícil de decir con palabras.
El 12 de octubre (fiesta del Pilar), regresando en autobús, comencé a llorar porque sentía el desgarramiento emocional que tiene un bebé cuando lo arrancan de los brazos y el pecho amoroso y de seguridad de su madre. Comprendí que había experimentado el cobijo del amor infinito del corazón generoso y absolutamente desinteresado de la Virgen María, pero en la tierra.
De vuelta a la vida cotidiana
Ya en Madrid, el 13 de octubre por la mañana, al levantarme y mirar por la ventana de casa me sentí aturdido: “¿Y esta gran mentira, qué es?”, me preguntaba una y otra vez. Estaba ante la jungla de las tentaciones, las apariencias, las mentiras y los miedos, pero algo había cambiado en mi interior. Ahora tenía un rosario como arma y el corazón limpio y renovado, rebosante de amor para repartir a todos los de mi entorno privado y de trabajo.
El domingo 17 de octubre, mi única ilusión era ir a misa. Cada palabra pronunciada por el sacerdote tenía un eco en mi interior más allá de la mera comprensión de algo dicho. Era como si me hubieran puesto oídos del alma. Desde entonces descubro el sentido en cada lectura del Evangelio. Lloro con frecuencia al rezar el Padre Nuestro y me emociono durante las consagraciones y en las adoraciones. Siento que cada Ave María es una poesía para la Virgen. Además, desde entonces, rezo el rosario todos los días.
En las jornadas de trabajo que desarrollo dentro de mi actividad profesional, descubrí que impactaba en las personas de forma especial. Todos coincidían en decir que mis ojos brillaban “con otro brillo” y que rebosaba paz y amor. Notaba cambios en mí, pero nada que fuese capaz de explicar con palabras. Eran cambios en la profundidad de mi persona y en la intimidad de mi ser que me ayudaban a conectar de lleno con las personas.
La vecina… y la hermana de la vecina
Un frío día coincidí con la vecina que vivía en el piso de arriba. Me pidió que quitase de mi terraza un toldo que hacía ruido. Estaba quitándolo cuando, desde su ventana, se disculpó por las posibles molestias que me pudieran ocasionar sus dos hijos.
– Los niños son una bendición de Dios; donde hay niños hay alegría y eso es una suerte- le dije.
Me preguntó si tenía hijos y le contesté que “mientras Dios no me ponga delante a la mujer de mi vida, no los tendré”. Nos intercambiamos los números de teléfono por si fuese necesario contactar en un futuro en calidad de vecinos y seguimos cada uno con lo suyo.
Pasaron tres días y sonó mi móvil, era mi vecina. Me explicó que quería organizar una cena para presentarme a su hermana aún soltera. Su propuesta me sorprendió mucho, incluso me pareció descabellada, pero el caso es que acepté.
A los tres días estábamos cenado los cuatro. Mi vecina y su marido, y su hermana y yo. Sentado frente a su hermana, pensé: “Esta mujer es distinta, a ver qué puedo ofrecerle de mí”. Charlando durante la cena, descubrimos que, al menos quince años atrás, habíamos coincidido en encuentros con amigos comunes. Desde ese día comenzamos a quedar.
Una petición a la Virgen del Pilar
A finales de diciembre, ella tenía que ir a Zaragoza por temas de trabajo y me pidió que la acompañase. Mientras resolvía sus temas, aproveché para acercarme a la Basílica del Pilar. Arrodillado, le dije a la Virgen: “Si ella es la mujer de mi vida, por favor, haz que volvamos juntos a besar tu Pilar”, besé el Pilar, recé un Ave María, me levanté y me fui.
Nuestra relación tomó tal rumbo y con tal fuerza que muy pronto buscamos fecha para casarnos. Los dos nos decidimos por el 14 de octubre de 2011. A los pocos días caí en la cuenta de que coincidía con el primer aniversario de mi regreso a Madrid, el comienzo de mi nueva vida después de la peregrinación de octubre de 2010.
En mayo quise volver a Medjugorje para dar gracias. Ella se animó a acompañarme. Una vez allí, por la mañana del 28 de abril de 2011, nos fuimos al Monte Krizevac. Los dos decidimos ofrecer en silencio y de forma individual cada estación del Vía Crucis a alguien de nuestro entorno. La última estación nos la habíamos dedicado mutuamente sin habérnoslo dicho.
También fuimos a ver a Patrick y Nancy para escuchar su testimonio. En esta ocasión estuvimos en su cocina. Junto a Patrick había un sacerdote irlandés, Legionario de Cristo, que años atrás había sido motero Ángel del Infierno y rockero, y ahora lanzaba su primer disco como sacerdote. Al acabar bajamos a la Misa Internacional.
Por la mañana del 29 de abril, la vidente Ivanka habló del matrimonio y la familia, pilares fundamentales de la regeneración del amor en la sociedad y en las naciones. “Qué coincidencia”, pensé, “venimos como novios para dar gracias y el mensaje que comparte la vidente más reservada está relacionado con el matrimonio y la familia”.
Después fuimos hacia el Monte de las Apariciones. Las nubes grises de lluvia se despejaron sólo y exclusivamente en el espacio de cielo que estaba sobre el Podbrbo. Comenzamos con el primero de los misterios gozosos. Cuando llegamos ante la imagen de la Virgen, rompí a llorar, nos abrazamos, y le dije a la Virgen: “Te prometí que vendría a darte las gracias y aquí estoy, con la mujer de mi vida, para que la conozcas; ¡gracias!”
Allí le hice una nueva promesa a la Virgen: “Llevaré el Amor que me has mostrado y regalado a todos los lugares a los que pueda acceder. A través de mi trabajo lo llevaré a las empresas y los empleados; a través de mis amigos, a sus relaciones con otros y sus familias; a mi familia y mis relaciones con los suyos siempre que tenga ocasión. Te llevaré a todos los que de una manera u otra tocan o están cerca de mi vida”.
Íbamos bajando a la parroquia de Santiago para la Misa Internacional, y mi aún prometida me dijo que quería confesarse. En silencio, le di gracias a la Virgen una vez más. Miramos el reloj, nos dimos un tiempo y quedamos en encontrarnos a una hora determinada. La estaba buscando cuando a eso de las 17:40hs comenzaron a sonar las campanas en honor a la Virgen y la hora de sus apariciones (según horario de verano). Caí sobre mis rodillas y comencé a llorar dando gracias una y otra vez por todo lo que estaba sucediendo en mi vida desde octubre. Allí escuchamos misa agarrados de la mano y entregados en alma.
Un compromiso: ¡a Lourdes!
A la Virgen en Medjugorje le dije:“Te prometo que llevaré a mi madre a verte a Lourdes, cueste lo que cueste, y si logro que vengan mi hermano y su mujer, mejor que mejor.”
El 23 de julio de 2011, los cuatro subíamos al tren que nos llevaría hasta allí. Cuando llegamos hasta la gruta de las apariciones, la emoción de mi madre se desbordó y al oído le dije: “Aquí estás, ante tu querida Virgen de Lourdes. Gracias por tu paciencia cuando éramos pequeños”. Me acordé de la sensación que tuve en la primera peregrinación.
De vuelta a Zaragoza: petición cumplida
Durante las vacaciones de agosto de 2011 fuimos unos días a los Pirineos y de regreso, al pasar por Zaragoza, me propuso parar. Después de comer le pedí que me acompañase a besar el Pilar. Cuando nos tocó el turno, me arrodillé, besé el Pilar -que olía a rosas- y me santigüe. Detrás de mí, ella hizo lo mismo. Andábamos hacia la salida de la basílica cuando me acordé de las palabras que dije en diciembre mientras ella estaba en una reunión de trabajo: “Si ella es la mujer de mi vida, por favor, haz que volvamos juntos a besar Tú pilar”. En ese momento rompí a llorar de emoción y gratitud. La Virgen María me estaba hablando con hechos.
Tres meses más tarde, el Padre Cruz, nos casaba, el 14 de octubre de 2011, a las 18:45hs –hora de las apariciones-. Hoy por hoy tenemos dos hijos y estamos felices con ellos. Desde entonces, he enfocado mi vida profesional como conferenciante y formador hacia el Amor Inteligente y los Valores Humanos en los profesionales de empresa. El impacto de las formaciones y conferencias que ofrezco es muy buena y genera un halo de esperanza muy especial en las audiencias.
También, desde hace unos años, dirijo un programa en Radio María que se llama Profesionales con Corazón. Un programa que está comprometido con llevar Valores Humanos y Amor inteligente a los profesionales de empresa. Se emite los viernes alternos, siendo el próximo programa el del 17 de julio. Hace unos años ingresé en la Congregación del Cristo de los Alabarderos y ya he salido en procesión varias veces.
Fuente: www.carifilii.es